La política de los Juegos Olímpicos de Tokio

En 1936, Jesse Owens golpeó al régimen nazi cuando ganó cuatro medallas de oro en los Juegos Olímpicos de Berlín. Un atleta afroestadounidense rompió con el mito de la superioridad aria. Por esta razón, Hitler se negó a darle la mano, y tampoco fue invitado a la Casa Blanca. Más tarde, en 1968, un año marcado por levantamientos populares en todo el mundo, el escenario se instaló en la Ciudad de México. Solo unas semanas antes, la plaza de Tlatelolco presenció una masacre contra líderes estudiantiles. Allí, Tommie Smith y John Carlos, dos medallistas estadounidenses, levantaron sus desafiantes puños cubiertos con guantes negros durante el himno nacional, un gesto asociado con el movimiento de Poder Negro. Smith declaró: “Si gano, soy un estadounidense, no un estadounidense negro. Pero si hacía algo malo, dirían que soy negro. Somos negros y estamos orgullosos de ser negros. La Estados Unidos negra entenderá lo que hicimos esta noche”.

El hecho de que los Juegos Olímpicos estén destinados a darse “con un espíritu de amistad, solidaridad y juego limpio” no los despolitiza. Por el contrario, es un momento crítico en el que la atención del mundo está en los atletas y sus realidades, quienes se ven afectados por la política en todo el mundo. En 1976, 26 países africanos decidieron boicotear los juegos de Montreal cuando permitieron jugar al equipo de rugby de Nueva Zelanda. Este equipo acababa de realizar una gira por Sudáfrica, un país excluido de los Juegos Olímpicos debido al apartheid. Fue una gran manifestación que arrojó luz sobre la situación de Sudáfrica. En Tokio, el luchador argelino Fathi Noreen anunció su retiro en rechazo a la actual política de apartheid llevada a cabo por Israel contra Palestina. Noreen se retiró ante la posibilidad de enfrentarse a un competidor israelí diciendo: “Mi retiro es en apoyo a Palestina. Mi posición es firme. Rechazo la normalización en todas sus formas, aunque me cueste esa ausencia de los Juegos Olímpicos, Dios nos compensará”.

El último ataque a la Revolución Cubana bajo el lema de “Patria y Vida” llegó a los Juegos de Tokio. Cuando el disidente cubano y español naturalizado, Emmanuel Reyes, amenazó con vencer a Julio César La Cruz de la selección cubana, pero fue eliminado en su lugar, las voces de la multitud gritaron el eslogan de derecha solo para ser recibidas con una enérgica respuesta: “Patria y Vida No – Patria o Muerte, ¡venceremos!” El grito de La Cruz fue la expresión de años de orgullo de estar a la vanguardia de las victorias en el deporte latinoamericano gracias al esfuerzo de la Revolución Cubana y a pesar de toda clase de obstáculos y bloqueos. Lo conmovió el mismo sentimiento que conmovió a Mijaín López, cuatro veces luchador olímpico y cubano que dedicó su reciente medalla a Fidel Castro. Los logros deportivos actuales tanto en Cuba como en Venezuela son simplemente el resultado de las políticas públicas de ambas revoluciones.

Es por eso que un sentimiento similar de orgullo y gratitud llevó a Julio Mayora, el medallista de plata venezolano en halterofilia, a dedicar públicamente su medalla al presidente Hugo Chávez en el 67 aniversario de su nacimiento. Este orgullo revolucionario es una inspiración para una nación en resistencia y es precisamente el objetivo de intentos deliberados de debilitar la moral colectiva. La campeona de esgrima Alejandra Benítez, por ejemplo, no recibió una visa canadiense debido a su pasado como parlamentaria y ministra de Deportes durante la Revolución Bolivariana, por lo que perdió la oportunidad de clasificar a los Juegos de Tokio.

Un boxeador venezolano llamado Eldric Sella afirmó engañosamente ser un «refugiado» para competir como parte del Equipo Olímpico de Refugiados y explotar la afirmación de que Venezuela tiene una crisis de refugiados. A pesar de todo, al final de los juegos, Venezuela puede presumir de su mejor actuación olímpica con la medalla de oro de Yulimar Rojas y los récords olímpico y mundial en Triple Salto más otras tres medallas de plata, así como varios diplomas. El orgullo y la moral venezolanos están intactos: las multitudes e incluso la Fuerza Aérea saludaron a la “generación de oro” de atletas en su regreso. ¡Venceremos!

Notas

  • El 8 de agosto, el Partido Socialista Unido de Venezuela realizó primarias abiertas para candidatos a gobernadores o alcaldes del 21 de noviembre de 2021. El proceso fue una oportunidad para que las bases populares de la Revolución Bolivariana renovaran su liderazgo. Primero, presentando nominaciones con paridad de género el 27 de junio y ahora votando directamente por su opción favorita. Una notable participación de 3,5 millones de votantes salió a elegir a sus candidatos, dando importantes victorias a mujeres, jóvenes y líderes comuneros. Venezuela se prepara para las próximas elecciones.