Hace 195 años en Panamá

El 15 de julio se cumplen 195 años de la última sesión del Congreso Anfictiónico de Panamá, una iniciativa de Simón Bolívar para estructurar la unidad de las naciones que recientemente habían sido liberadas del colonialismo español. El Congreso, que comenzó el 22 de junio, fue el primer intento descolonizado de integración y unidad regional. Este histórico encuentro también marcó el comienzo de muchos intentos de las potencias imperiales opuestas para promover divisiones entre los países latinoamericanos. Estos intentos mantuvieron a nuestras naciones divididas y debilitadas por enfrentamientos internos.

En su carta de Jamaica de 1815, Simón Bolívar concibió la necesidad de un congreso para promover y establecer la unidad entre las antiguas colonias. Continuaría entre 1820 y 1825 este importante esfuerzo. Constantemente escribía a patriotas y libertadores de México, Centroamérica, Chile y Río de la Plata, invitándolos a un Congreso que daría forma a la unidad regional. Bolívar escribe una famosa invitación como presidente del Perú en vísperas de la histórica victoria en Ayacucho de Antonio José de Sucre. Esta victoria sella la independencia de América del Sur de España y Bolívar convoca a los gobiernos de las Repúblicas de Colombia, México, Río de la Plata, Chile y Centroamérica para reunirse en un Congreso en Panamá, un lugar estratégico ubicado equidistantemente entre el Norte y el Sur del continente, elegido por Bolívar para desempeñar un papel similar al que jugó el istmo de Corintio en la Liga Anfictiónica de la Antigua Grecia.

Por tanto, el Congreso de Panamá no fue producto de la improvisación sino parte esencial del proceso de emancipación tal como lo concibió Bolívar. Se encontró con la resistencia de quienes temían el tremendo potencial político, económico y militar de una federación de repúblicas con vastos recursos y un proyecto coherente. Mantener la unidad para sostener la independencia era fundamental en la visión de Bolívar. Igualmente, el reconocimiento de que existían enormes amenazas a la independencia fue fundamental. España conspiraba para reconquistar las repúblicas independientes con la ayuda de la Santa Alianza. Gran Bretaña tenía la intención de controlar las nuevas colonias y Estados Unidos deseaba incorporarlas a su territorio. Thomas Jefferson escribió en 1786: “por el momento aquellos países se encuentran en las mejores manos, y solo temo que estas [las de España] resulten demasiado débiles para mantenerlos sujetos hasta que nuestra población haya crecido los suficiente para írselos arrebatando pedazo a pedazo”.

Se esperaba la participación de dos representantes de cada república. La agenda incluyó, entre otros temas, los siguientes: decidir el apoyo a la independencia de Cuba, Puerto Rico, las Islas Canarias y Filipinas; organizar un conjunto de normas de derecho internacional; la abolición de la esclavitud en todos los Estados confederados y una fuerza militar conjunta para defender las repúblicas. La agenda bolivariana para la región, por tanto, fue más allá de los tratados comerciales. Intentó alcanzar la independencia de las colonias restantes de España y abolir dos sistemas que no tenían lugar en una región recién emancipada: la monarquía y la esclavitud. La unidad se lograría mediante la integración comercial y militar y el establecimiento de un parlamento supranacional.

Prevalecieron las divisiones, la desconfianza y las rivalidades locales. Las disputas fronterizas entre las nuevas repúblicas no pudieron resolverse. Potencias extranjeras, como Gran Bretaña y Estados Unidos, se aprovecharon de las divisiones: si bien las repúblicas no pudieron alcanzar acuerdos arancelarios entre ellas, Gran Bretaña, que había sido invitada como país observador, alcanzó arreglos individuales con los diferentes gobiernos; mientras tanto, Estados Unidos, invitado bajo la presión de Santander en Colombia, a pesar de la objeción inicial de Bolívar, ejerció presión para no iniciar nuevas guerras contra España por la libertad de sus colonias restantes en el Caribe.

El Congreso Anfictiónico de Panamá sigue siendo sumamente relevante hoy, no por su resultado limitado, sino por el alcance de su agenda original. En algunas semanas, la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) realizará su VI Cumbre de Jefes de Estado y de Gobierno en México. Lejos de la ambiciosa agenda bolivariana de 1826, la CELAC todavía tiene el potencial de crear espacios de cooperación concreta en un continente todavía plagado de desconfianza política, intervencionismo y divisiones fratricidas. Pero el contexto político de la región está cambiando y los movimientos populares avanzan consistentemente, de una manera constante que nos permiten tener la esperanza de un nuevo nivel de integración y unidad frente a los desafíos que plantea la pandemia y el quiebre del proyecto neoliberal.

Notas:

Si bien la abolición era parte de la agenda del Congreso de Panamá, la presión de algunos de los elementos más conservadores de las nuevas repúblicas, bloquearon la invitación de Haití. Como región, todavía estamos en deuda con Haití por nuestra independencia y debemos defender su soberanía. Los terribles acontecimientos de esta semana son un revés para el proceso democrático de Haití. En solidaridad con los movimientos populares de Haití, exigimos que se permita a los haitianos elegir su camino sin más invasiones o intervenciones extranjeras.

El 10 de julio de 1926 nació la educadora, política y guerrillera venezolana Argelia Laya. Su ejemplo como afrovenezolana, socialista y feminista sigue siendo hoy una fuente de inspiración. La brigada de educación popular de la Unión Comunera, por ejemplo, lleva su nombre y defiende su legado. “Lucharemos por nuestros derechos y los de nuestro país porque el problema de la igualdad de las mujeres es el problema de la liberación de los pueblos”. ¡La comandanta Jacinta vive!