Crear un frente común regional contra el racismo sistémico es una tarea pendiente de las comunidades afrodescendientes de América

Pensar una América libre de racismo nos remite a comprender las formas en las que este esquema de dominación imperialista y genocida se adaptó a la estructura estatal de cada nación. ¿Y cómo lo hace? A través de las leyes, la Constitución, mediante las decisiones políticas, económicas y hasta sanitarias que se toman en detrimento de la comunidad afrodescendiente o de las minorías.

Hace un año la imagen de George Floyd suplicando por su vida, a plena luz del día en una calle de los Estados Unidos, recorrió el mundo vía redes sociales. Así llegó su historia a los medios de comunicación en donde se debatían sí Floyd había cometido un delito o sí el delito era el uso indiscriminado de la fuerza por parte de los agentes policiales que mantuvieron a este hombre contra el suelo, impidiendo a su cuerpo respirar hasta desvanecerse y morir.

Floyd no es el primero ni el último afroamericano en ser asesinado en condiciones similares en los Estados Unidos. Esta situación la padecen latinoamericanos, asiáticos y árabes, diariamente, en el llamado país de la libertad.

Aunque para ser más justos, pese a que el racismo tiene una connotación imperial, está arraigado en naciones de América Latina y El Caribe, donde sirve como una de las armas más empleadas para la contención de los pueblos.

Respondiendo a la necesidad de ampliar nuestros conocimientos sobre el tema, el Instituto Simón Bolívar para la Paz y la Solidaridad entre los Pueblos invitó a tres importantes representantes de las comunidades afrodescendientes de la región, quienes participaron en el foro telemático: «El racismo sistémico en nuestra América: Estados Unidos y Colombia».

Se trata de Charo Mina Rojas, defensora y activista de los derechos de las mujeres y del pueblo negro y afrodescendiente de Colombia; Agust Nimtz, profesor en Ciencias Políticas y Estudios Afroamericanos y Africanos; y Akinyele Umoja, miembro fundador de la Nueva Organización Popular Afrikana y del Movimiento de Base Malcolm X, de Estados Unidos.

Desde este espacio se exhortó a transformar la estructura estatal de dominación imperial/colonial para dar paso a un Estado de derecho en donde los seres humanos puedan vivir en igualdad de condiciones y de respeto. Esta tarea demanda mayor articulación entre los movimientos de defensa de los derechos humanos, como Black Lives Matter, entre otros.

Pero ¿cómo afecta a los pueblos el racismo sistémico?

En palabras de Akinyele Umoja: “El sistema no solamente tiene que estar basado en el capitalismo, tiene que estar basado en estas relaciones coloniales (…) Hablamos de racismo sistémico o racismo estructural; estas estructuras están basadas no solamente en la ley sino también en la realidad”; en tal sentido, las relaciones entre la policía y el pueblo afroestadounidense es uno de los ejemplos más claros del racismo.

A su juicio,con el Estado imperialista estadounidense las comunidades negras todavía son sujetas de ocupación (…) Los policías no son vistos en nuestra comunidad como personas que protegen y sirven, son vistos como instrumentos de ocupación; los policías son considerados como instrumentos de terror en nuestras comunidades”.

Y esta situación se extiende a lo largo y ancho del mundo. Colombia, es otro país que mantiene este esquema de terror policial. Entre finales de abril y buena parte del mes de mayo la represión de la ESMAD -policía militarizada- estuvo en el foco de los debates sobre los derechos humanos en la región.

Las protestas sociales contra las medidas fiscales del presidente Iván Duque se transformaron en un gran Paro Nacional que no cesa en la nación suramericana. Las cifras oficiales a un mes de la represión hablan de 129 personas desaparecidas y más de 40 muertos, según datos de la fiscalía colombiana y de la ONG Temblores.

Aunque el gobierno colombiano intentó silenciar los hechos, los manifestantes grabaron y emitieron en directo vía redes sociales el grave proceder policial. Violaciones a mujeres, disparos contra manifestantes, amedrentamiento y el uso desproporcionado de la fuerza, estaban a la orden del día en las calles de toda Colombia. Esta práctica criminal afectó principalmente a sectores pobres, negros o afrodescendientes del país.

Para Charo Mina Rojas esta situación demanda que los movimientos sociales y de defensa de los derechos humanos de Colombia y de la región, fortalezcan sus vínculos. “Estos espacios que tenemos de conversación y de educarnos entre todos son muy importantes, pero creo que hay que fortalecer frentes comunes para tener mayores formas de resistencia”, dijo durante el foro.

Mina Rojas también reflexionó sobre la necesidad de desafiar a los poderes establecidos sí se quiere acabar con el sistema racista. En tal sentido, afirmó: “debemos continuar buscando las maneras de descomponer estos sistemas perversos que están sustentados en una base de terror (…) Necesitamos cada vez más una posición antiracista que es la única que va a ayudar a desmantelar no solo al racismo, sino al sistema que lo mantiene que es el capitalismo.

Muy cercana fue la mirada del profesor Agust Nimtz sobre la importancia de encontrar puntos de acción entre los pueblos de América y del mundo contra el racismo sistémico.

Desde su análisis planteó la visibilidad que tuvo el caso Floyd, con las multitudinarias marchas en Chicago -en medio de una pandemia- lo que generó que otros hombres y mujeres de la comunidad negra alzaran su voz. Precisó que incluso hombres y mujeres caucásicos salieron a las calles a decir que “las vidas negras importan”.

“Lo que pasó entonces hace un año (tras el asesinato de Floyd) fue el principio de la liberación, la liberación gracias a las masas; y lo segundo más importante es que fue una protesta multiracial, más de la mitad de los participantes eran caucásicos (…) y eso nunca lo habíamos visto, es algo nuevo e insólito; eso aumenta el potencial de que se haga algo importante”, afirmó Nimtz.

Los invitados concluyeron que hay que seguir estudiando y difundiendo los orígenes del racismo y sus formas de manifestarse desde el Estado; en tanto, las comunidades afrodescendientes deben crear un frente común contra este sistema de dominación colonial-imperial nacido del capitalismo. Solo de esta forma la liberación y un Estado de derechos y justicia serán posibles.

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